Hantavirus Andes 2026:
evidencia e incertidumbre
ante el brote
Nota Científica · Edición especial de emergencia sanitaria
La evidencia disponible a mayo de 2026 es todavía inconclusa; por ello, esta nota distingue explícitamente entre lo demostrado, lo probable y lo desconocido, rechazando cualquier simplificación que pueda comprometer la seguridad clínica.
Lo que sabemos con certeza
1.1Agente etiológico y clasificación
El hantavirus es un virus de ARN monocatenario perteneciente a la familia Hantaviridae (orden Bunyavirales). Su mantenimiento en el ecosistema depende de reservorios específicos, principalmente roedores, con los que mantienen una estrecha especificidad de familia. En estos huéspedes, el virus establece una infección crónica y persistente, caracterizada por una replicación sistémica sin manifestaciones clínicas evidentes ni compromiso de la viabilidad del ejemplar1.
A pesar de la elevada diversidad de especies identificadas globalmente, solo un subgrupo específico presenta potencial patogénico en humanos. En el continente americano, las cepas endémicas actúan como agentes etiológicos del Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (SCPH), siendo el virus Andes (ANDV) el que ha demostrado capacidad de transmisión entre personas, por contactos estrechos y prolongados, fenómeno documentado predominantemente en el Cono Sur (Argentina y Chile). Por el contrario, los genotipos presentes en Europa y Asia se asocian a la Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (FHSR), donde no se ha evidenciado, hasta la fecha, la transmisión horizontal entre hospedadores humanos1,2.
1.2Transmisión: mecanismos confirmados
La principal vía de transmisión es el medio ambiental, a través del contacto con orina, heces o saliva de roedores infectados, aunque también pueden contagiarse mediante mordeduras, si bien esto ocurre con menor frecuencia. Determinadas actividades elevan considerablemente el riesgo de exposición como limpiar espacios cerrados o con escasa ventilación, trabajar en agricultura o silvicultura, o habitar en zonas con presencia de roedores4.
En cuanto a la transmisión entre personas, hasta el momento solo se ha confirmado en el caso del virus Andes, en América, y continúa siendo un fenómeno poco habitual, potencialmente a través de fluidos humanos y secreciones respiratorias3. Cuando ocurre, se asocia a un contacto cercano y prolongado, como eventos sociales concurridos4 especialmente entre convivientes o parejas, y parece ser más probable en las primeras etapas de la enfermedad, etapas con mayor carga viral y lesión hepática ayudan a propagar la infección4, período en el que el virus alcanza su mayor capacidad de contagio (el número de casos secundarios causados por una persona infectada durante el periodo infeccioso era de 2,12 antes de las medidas de control y 0,96 tras su implementación)5.
- Limpiar espacios cerrados o con escasa ventilación
- Trabajar en agricultura o silvicultura
- Habitar en zonas con presencia de roedores
1.3Presentación clínica reconocible
El SCPH se presenta clínicamente con un cuadro prodrómico caracterizado por fiebre, mialgia, astenia, cefalea y sintomatología gastrointestinal, con progresión fulminante hacia insuficiencia respiratoria aguda e inestabilidad hemodinámica, con un periodo de incubación que oscila entre 6 y 8 semanas, iniciando la fase sintomática con una media de 21 días, dato clínicamente determinante, ya que justifica la duración de la cuarentena de 42 días establecida para los pacientes del Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” (HCDGU CVE), siguiendo el protocolo pestablecido por el Ministerio de Sanidad6. La tasa de letalidad asociada al SPH oscila entre el 10 % y el 32 %, dependiendo de la cepa viral y del contexto clínico-epidemiológico. El pronóstico del paciente está estrechamente condicionado por la precocidad del diagnóstico de sospecha, la disponibilidad de recursos diagnósticos confirmatorios y la derivación oportuna a centros hospitalarios con capacidad de atención en unidades de cuidados intensivos7
1.4Diagnóstico de referencia
La RT-PCR en tiempo real detecta el ARN viral en sangre o tejido. Es la técnica de referencia en fase aguda temprana, empleada en el protocolo del HCDGU CV, al ingreso y a la semana. Las muestras positivas son remitidas al Centro Nacional de Microbiología (CNM) para confirmación6.
1.5Tratamiento disponible
En la actualidad, no se dispone de terapias antivirales específicas ni de vacunas aprobadas frente a las infecciones por hantavirus, por lo que el manejo clínico se fundamenta en medidas de soporte avanzado.7
Lo que creemos saber y por qué debemos cuestionarlo
2.1Período de incubación y ventana de transmisibilidad
Se acepta un período de incubación del virus Andes de entre 4 y 42 días, con datos históricos que sugieren una mediana aproximada de 2 a 4 semanas. La ventana de 4 a 42 días tras la exposición es la que manejan actualmente las autoridades sanitarias en el contexto del brote del MV Hondius2. Sin embargo, esta amplitud genera una incertidumbre operativa considerable: el ECDC ha establecido un período de monitorización y cuarentena de hasta seis semanas (42 días) para todos los contactos de alto riesgo vinculados al brote.
La transmisión persona a persona del virus Andes es rara y, hasta la fecha, solo se ha documentado una vez que los pacientes presentan síntomas; no existe evidencia robusta de transmisibilidad presintomática3.
2.2Transmisión interhumana: la excepción que define este brote
El virus Andes es el único hantavirus para el que se ha documentado transmisión interhumana, si bien los mecanismos exactos y los umbrales de exposición que la determinan no están completamente establecidos. Se ha propuesto que el riesgo de transmisión aumenta con el contacto estrecho a menos de un metro y durante más de 30 minutos sin equipo de protección individual (EPI), aunque estos parámetros proceden de definiciones operativas de contacto de alto riesgo adoptadas por las autoridades sanitarias en el contexto del brote actual, y no de estudios de dosis-respuesta rigurosos3.
La transmisión interhumana se ha descrito predominantemente en agrupaciones familiares o tras contacto cercano con un caso durante la fase prodrómica; estudios prospectivos realizados en Chile evidenciaron que las parejas sexuales y los convivientes estrechos de personas infectadas presentan un riesgo diez veces superior al de otros contactos del mismo hogar9-12. No obstante, la vía exacta de transmisión, respiratoria, por gotículas o por contacto directo con secreciones— sigue sin estar inequívocamente determinada, lo que limita la capacidad de establecer medidas de control precisas y basadas en evidencia.
Desde un enfoque nosocomial, se han descrito al menos dos casos de transmisión a personal sanitario en Chile, aparentemente sin la protección adecuada durante la atención al caso índice13, lo que subraya la necesidad de considerar el riesgo ocupacional como una prioridad real y no meramente teórica. Sin embargo, los datos disponibles son escasos y provienen de series de casos pequeñas, por lo que la magnitud real del riesgo nosocomial, especialmente durante procedimientos generadores de aerosoles, permanece insuficientemente cuantificada.
Por otro lado, un brote de mayor envergadura registrado en 2018 involucró 34 casos con transmisión interhumana documentada, contenido mediante la implementación de estrictas medidas de cuarentena14. En dicho brote se identificaron individuos con capacidad de superpropagación, lo que sugiere un potencial de transmisión elevado bajo determinadas condiciones, aunque los factores virológicos, inmunológicos y ambientales que subyacen a este fenómeno no han sido caracterizados con suficiente profundidad como para extraer conclusiones generalizables.
Lo que ignoramos
Actualmente no existe evidencia sólida sobre:
- 1 La dinámica exacta de transmisión del virus Andes en contextos cerrados no endémicos (cruceros, vuelos comerciales, entornos hospitalarios europeos), para los que el brote actual constituye el primer caso documentado a esta escala.
- 2 El umbral de exposición —duración, distancia, carga vírica ambiental— necesario para que se produzca transmisión interhumana en condiciones distintas a la convivencia domiciliaria.
- 3 La ruta exacta de adquisición del caso índice: la investigación epidemiológica argentina sigue en curso, con captura y análisis de roedores a lo largo del itinerario previo al embarque.
- 4 El riesgo preciso de transmisión nosocomial para el personal de enfermería en UCI que realiza procedimientos generadores de aerosoles sobre pacientes con SCPH por virus Andes.
- 5 El alcance real del riesgo para trabajadores sanitarios en los centros receptores.
- 6 Los efectos a largo plazo (secuelas pulmonares, calidad de vida) en supervivientes de formas graves, sobre los que apenas existen estudios prospectivos.
Agenda de investigación prioritaria
Se identifican las siguientes preguntas de investigación como prioritarias para la comunidad científica:
¿Cuál es la efectividad real de los protocolos de triaje en la detección precoz del SCPH por virus Andes en urgencias de países no endémicos, en el contexto del brote actual?
¿Qué nivel de exposición (duración, distancia, tipo de procedimiento) conlleva riesgo de transmisión nosocomial para el personal sanitario que atiende pacientes con SCPH?
¿Cuál es el impacto de los cuidados enfermeros específicos en UCI —modalidad de ventilación, posición prona, manejo de fluidos— sobre la mortalidad en el SCPH por virus Andes?
¿Existen diferencias clínicas en la presentación del SCPH por virus Andes en pacientes de países no endémicos respecto a las series históricas sudamericanas, que permitan desarrollar herramientas de cribado adaptadas?
Todos los miembros de la Academia han declarado ausencia de conflicto de intereses con fabricantes de vacunas, antivirales o material diagnóstico relacionado con el contenido de este documento. El proceso de elaboración incluyó revisión de la literatura publicada desde hace 5 años en PubMed/MEDLINE, WOS y bases de datos de la OMS y el ECDC.
